No vamos a hablar aquí de la famosa película de Swarzenegger, sino de las típicas mentiras que cuentan las personas que no desean ver triunfar al software de código abierto. Aunque parezca mentira, en el campo del software también existe la guerra propagandística, y muchos se apuntan a la moda del «calumnia, que algo queda». Personalmente, creo que muchas de esas personas y compañías tan interesadas en promocionar su software propietario no hacen otra cosa sino publicidad gratuita del software de código abierto. Hace varios años nadie hablaba del software libre, pero hoy está en boca de todos, desde los que lo usamos hasta los que lo critican.
Parece que la conocidísima compañía de software propietario de Redmond va a pasar a la acción de criticar abiertamente al sistema operativo GNU/Linux, sembrando la Red de artículos en su contra en los que pretende ridiculizarlo al compararlo con el suyo. También criticarán a los sitios web que hagan referencia a GNU/Linux y al software de código abierto en general. Si todo esto se lleva a cabo, solo pondrá de manifiesto que el gran peso pesado del software propietario siente pánico al pensar en lo que se le avecina en los próximos años: la popularización del software de código abierto.
Estoy plenamente convencido de que en esa campaña difamatoria se van a contar muchas mentiras sobre GNU/Linux. Muchas de ellas estarán causadas por el desconocimiento del movimiento de código abierto por parte del gigante de Redmond. Otras, sin embargo, habrán sido cuidadosamente planificadas por muchos de sus directivos. Incluso se oye decir que van a encargar esta campaña de insultos a importantes empresas publicitarias. Yo me pregunto cuánto dinero pensarán invertir en esta estupidez, aunque estoy seguro de que será mucho más del que pueda imaginar.
También es posible que a alguien ajeno al mundo del software tal vez le parezca que esto es como una lucha entre un elefante y una hormiga. Pero yo lo veo más como la lucha entre David y Goliat: el gigante clama su poder en base a que es más grande y más fuerte, pero el pequeño es mucho más ágil y se adapta mejor a las circunstancias. No olvidemos que hace ya algún tiempo que esta famosa compañía de software propietario perdió la guerra de los servidores web, y ahora parece perder batalla tras batalla en la del mundo empresarial, en la de las administraciones públicas y en la de las instituciones gubernamentales de muchos países, y todo apunta a que dentro de poco también perderá terreno en la del uso doméstico.
Hace unos años nadie involucrado en el desarrollo de software de código abierto reconocería que existía una batalla entre éste y el software propietario. ¿Qué se iba a atrever a decir la hormiga contra el elefante? Todos decíamos que el software de código abierto estaba ahí para quien lo quisiera utilizar, sin pretender competir con nadie. Esto fue así en los comienzos del software de código abierto, y puede que parezca que todavía sigue siendo válida esta forma de pensar. Incluso es posible que muchos desarrolladores de código abierto sigan afirmándolo. Pero no olvidemos que el software libre no tiene por qué ser gratuito, y que de hecho existen muchas compañías que venden GNU/Linux y otro software de código abierto de altísima calidad, y que necesitan competir para poder subsistir. Recordemos que donde hay competencia hay lucha... Tampoco hay que olvidar que, para ser competitivo, primero hay que ser bueno. Y GNU/Linux lo es, al igual que el movimiento de código abierto.
Ahora estamos en condiciones de hacer un repaso de las más famosas mentiras que nos contarán sobre GNU/Linux, en particular, y sobre el software de código abierto, en general:
* Algunos afirmarán que el movimiento de software de código abierto está formado por un grupo de voluntarios sin sueldo que trabajan de forma altruista por una causa común (desbancar al software propietario, según ellos). Si hoy siguen afirmando esto, es señal de que siguen viviendo en el pasado. El software de código abierto nació así, pero fue hace muchos años. Poco a poco se han ido sumando muchas empresas privadas y algunas públicas a este movimiento, tras haber entendido que el software de código abierto no es sinónimo de software gratuito. Que IBM, Sun Microsystems y HP, entre otras muchas, estén aportando recursos al software de código abierto, es una prueba de que no solo hay programadores voluntarios involucrados en él. Muchos de estos programadores tienen unos buenos sueldos, y muchas de las organizaciones relacionadas con el software de código abierto también reciben donaciones y subvenciones de entidades públicas y privadas.
* Otros dirán que el software de código abierto, al ser gratuito, no puede garantizar la asistencia técnica que muchas empresas y usuarios necesitan. Quien mantiene esto sigue confundiendo los términos software de código abierto y software gratuito. En sus comienzos, el software de código abierto se denominó free software (software libre). El problema que se plantea es que el uso del término free en inglés es ambiguo: significa tanto libre como gratis. De ahí proviene la idea errónea de mucha gente de que el software libre tiene que ser gratuito. Por eso hoy se habla de software de código abierto en lugar de software libre. La licencia GNU, en la que se basa todo el software de código abierto, deja este punto bastante claro. Volviendo a la falsa aseveración, son muchas las empresas que venden software de código abierto de muy alta calidad y dan soporte a sus usuarios. Baste recordar la gran cantidad de distribuciones de GNU/Linux comerciales que existen en la actualidad: SUSE, Mandriva, Linspire, etc. Otras distribuciones de GNU/Linux, por el contrario, siguen siendo gratuitas. Recordemos que Internet es una fuente de recursos inagotable en cuanto a soporte técnico se refiere. El usuario final es quien debe decidir si necesita ese soporte técnico personalizado o no: libertad ante todo.
* Muchos lanzarán la idea de que el software de código abierto es más caro que el software propietario. Y algunos añadirán que, si no lo es en un principio, lo será a la larga, al darse cuenta de la tontería que acaban de afirmar. En la actualidad ya hay varios informes y estadísticas circulando por Internet que pretenden demostrarlo. Por supuesto, estos informes no son imparciales, ya que han sido encargados por empresas interesadas a otras empresas de su propiedad (solo es necesario investigar un poco los lazos que las unen para darse cuenta de ello). Hasta en el caso más desfavorable para el software de código abierto (una empresa con un único ordenador), los costes serían mucho más caros usando software propietario: una distribución comercial típica de GNU/Linux incluye todo el software de ofimática que se pueda desear, mientras que un sistema operativo propietario, no (mencionemos a modo de ejemplo el caso de Windows, al que habrá que añadir el precio de Office, del antivirus, etc.). Si la empresa posee varios cientos de ordenadores, el software propietario obligaría a pagar una licencia de uso de cada programa por cada uno de ellos, mientras que los programas de código abierto se pueden copiar en cualquier número de ordenadores, e incluso adaptar a las necesidades particulares de cada puesto de trabajo o de cada usuario, algo totalmente impensable en el mundo del software propietario. En ningún caso me estoy refiriendo a los programas diseñados a medida del usuario, ya que estos habrá que pagarlos tanto si se usa software propietario como de código abierto, aunque si siguen siendo libres también se podrán copiar en cuantos puestos de trabajo sea necesario.
* Incluso habrá quien propagará el bulo de que el software de código abierto es peligroso, y las empresas se juegan el futuro si deciden utilizarlo. ¿Y qué motivos alegan para afirmar esto? Ninguno, o al menos ninguno convincente. Se trata de una sentencia gratuita sin ningún tipo de pruebas que la apoyen. Lo que sí se está demostrando hoy día es precisamente lo contrario: que mucho software propietario sí es realmente peligroso, y que muchas empresas han perdido millones en tratar de recuperar los datos que les hizo perder algún virus. La realidad es que el software propietario tiene fallos de seguridad que tardan semanas e incluso meses en ser solucionados, y en muchas ocasiones los parches que pretenden solucionarlos vuelven a introducir viejas vulnerabilidades que ya se habían resuelto con anterioridad. Parece que muchas empresas de software propietario niegan en primer lugar que existan tales fallos, o tratan de minimizar su impacto mediante la técnica de quitarle importancia, y luego, cuando ya es demasiado tarde (normalmente, cuando ha aparecido algún virus que explota dicho fallo y haya causado estragos), tratan de parchearlo a la desesperada, la mayoría de las veces de forma poco adecuada. Por supuesto, el software de código abierto también tiene fallos (¡nada es perfecto en esta vida!), pero los propios programadores son los primeros interesados en reconocerlos, estudiarlos y proporcionar una solución adecuada. Lo realmente peligroso del software propietario es que es como una caja cerrada por la que tenemos que pagar y de la que solo sabemos qué hace, aunque no cómo lo hace, ni lo que hace y no nos dice que está haciendo, y además no tenemos modo alguno de intentar averiguarlo. Por el contrario, el código fuente del cualquier programa de código abierto está disponible para el usuario, y normalmente todo el mundo puede acceder a él gracias a Internet. Cualquiera puede verlo, descargarlo y compilarlo en su casa, y luego utilizar el programa obtenido.
* También habrá quien diga que muchas páginas web funcionan o no se visualizan de modo correcto al usar software de código abierto para acceder a ellas. Nada más lejos de la realidad. De hecho, lo que en realidad ocurre es todo lo contrario: algunas páginas web diseñadas siguiendo los estándares del W3C no se visualizan correctamente con cierto software propietario porque este adolece de problemas de compatibilidad. Si algunas páginas web creadas con software propietario no se visualizan bien usando software de código abierto se debe al mero hecho de que no se han seguido estos estándares en su diseño. Recordemos que estos estándares, como tales, son de obligado cumplimiento si queremos que nuestra página web sea accesible por todo el mundo, independientemente del sistema operativo que use.
* Finalmente, otros pregonarán que el software de código abierto no es sinónimo de progreso. Sencillamente, quien mantiene esto no sabe de qué está hablando: precisamente el software de código abierto es el que más progresa y mejor se adapta a la introducción de nuevas tecnologías por el mero hecho de que se desarrolla de forma colaborativa. Un grupo abierto de programadores de todo el mundo siempre tendrá mayor capacidad de evolución y de introducir innovaciones que un reducido grupo de programadores de una empresa de software propietario, por importante que esta sea.
Y la lista de mentiras puede llegar a ser interminable, aunque todas ellas tendrán un punto en común: se basan en el mismo tipo de desconocimiento y miedo que pretenden difundir e inculcar entre los usuarios.
Finalmente, calificaba a estas mentiras de arriesgadas. En efecto lo son: no olvidemos que se pueden volver contra quienes las pregonan a los cuatro vientos. Solo basta un poco de sentido común para apreciar dónde reside el engaño.
Fuente:/www.eloihr.net